Deuda pública en España: qué significa y porqué sigue creciendo

Introducción. Un número importante

Después de las vacaciones quiero empezar esta serie de posts hablando de una cifra que escuchamos con tanta frecuencia que quizá hemos dejado de prestarle atención: 1,76 billones de euros.

Esa es, aproximadamente, la deuda pública española. En junio de 2026 alcanzaba el 101,5 % del PIB, según los datos del Banco de España. Dicho de otra manera, las Administraciones Públicas españolas deben una cantidad equivalente a todo lo que prácticamente produce el país durante un año.

Pero aquí aparece algo curioso. Durante los últimos meses hemos escuchado que la ratio de deuda sobre PIB está disminuyendo, y es cierto. Lo que quizá se explica menos es que la cantidad de dinero que debemos sigue aumentando.

En junio, la deuda pública era un 4,2 % superior a la de un año antes. ¿Cómo pueden suceder ambas cosas al mismo tiempo?

Para entenderlo, primero tenemos que distinguir entre cuánto debemos y cuánto representa esa deuda en relación con el tamaño de nuestra economía.

La deuda crece y el ratio disminuye

Pongamos un ejemplo sencillo. Imagine una familia que debe 200.000 euros y cuyos ingresos aumentan considerablemente. Su deuda representa ahora un porcentaje menor de sus ingresos, lo que, en principio, es positivo.

Pero sigue debiendo los mismos 200.000 euros.

Y si al año siguiente debe 210.000 euros, puede incluso mejorar su ratio de endeudamiento si sus ingresos han crecido todavía más, aunque la cantidad que debe haya aumentado.

Con un Estado sucede algo parecido. Si la economía crece, el PIB aumenta y la deuda representa un porcentaje menor de ese PIB, la ratio de deuda puede mejorar aunque el volumen de deuda siga creciendo.

Esto explica una parte importante de la situación actual: que la ratio de deuda sobre PIB disminuya no significa necesariamente que España esté debiendo menos dinero en términos absolutos.

¿Y si vence la deuda pública?

Aquí aparece una diferencia importante respecto a una familia.

Cuando una familia pide una hipoteca sabe que tendrá que pagar dos cosas: los intereses y el capital que pidió prestado. Además, normalmente existe una fecha en la que aquella deuda debería quedar completamente amortizada.

¿Qué ocurre con el Estado?

El Estado también devuelve el principal. Cuando vence una emisión de deuda pública, hay que atender ese vencimiento. Sin embargo, el Estado no necesita necesariamente disponer de todo ese dinero en efectivo en ese momento. Una parte importante de la deuda que vence puede atenderse mediante nuevas emisiones.

Es decir, se obtiene financiación nueva para sustituir deuda que ha llegado a su vencimiento. A esto se le llama refinanciación.

Y no tiene nada de extraordinario. Así funcionan las finanzas públicas de prácticamente todos los países desarrollados. La deuda pública se emite con diferentes plazos y, cuando llega el momento de devolver una emisión, el Estado puede recurrir a nuevas emisiones para financiar esos vencimientos.

Por tanto, el problema no está necesariamente en refinanciar la deuda.

La cuestión cambia cuando, además de pedir dinero para sustituir la deuda que vence, necesitamos pedir todavía más dinero para financiar nuevos déficits, es decir, para cubrir una situación en la que los gastos superan a los ingresos.

Entonces la deuda no se limita a renovarse: empieza a crecer.

El coste de mantener una deuda cada vez mayor

Y eso sí debería preocuparnos, porque la deuda tiene un coste.

Cada euro destinado al pago de intereses es un euro que no puede destinarse simultáneamente a sanidad, educación, infraestructuras, dependencia, innovación o reducción de impuestos. Cuanto mayor sea la deuda acumulada, mayor puede ser también nuestra exposición a dos factores que no controlamos completamente: los tipos de interés y la confianza de quienes nos prestan dinero.

Mientras los mercados consideren que España puede hacer frente a sus obligaciones, el Estado seguirá teniendo capacidad para refinanciar su deuda. Pero conviene recordar algo elemental: los inversores no nos prestan dinero por solidaridad. Nos lo prestan porque confían en que lo recuperarán y porque reciben una rentabilidad a cambio.

Por eso, la cuestión verdaderamente importante no es preguntarnos: “¿Cuándo devolverá España los 1,76 billones?”

Probablemente nunca los devolverá todos simultáneamente.

La pregunta importante es otra: ¿puede España mantener indefinidamente este volumen de deuda y seguir financiándose en condiciones razonables?

De momento, la economía española está creciendo y eso está ayudando a reducir la deuda en porcentaje del PIB. Pero la propia AIReF advierte de que, aunque prevé que la ratio pueda situarse por debajo del 100 % del PIB en 2026 y continuar descendiendo durante algunos años, factores como el envejecimiento de la población, el aumento del gasto por intereses y un menor crecimiento potencial podrían volver a situarla posteriormente en una senda ascendente.

No toda deuda significa lo mismo

Aquí está, probablemente, la verdadera reflexión.

La deuda pública no es mala por definición. Endeudarse para construir una infraestructura productiva, afrontar una crisis extraordinaria o financiar una inversión capaz de generar crecimiento futuro puede tener perfecto sentido económico.

La cuestión es diferente cuando el endeudamiento se convierte en una herramienta permanente para mantener gastos que también son permanentes.

Una familia entiende perfectamente esta diferencia. Puede pedir una hipoteca para comprar una vivienda, financiar una inversión o incluso endeudarse temporalmente ante una situación excepcional. Pero si todos los meses necesita pedir un nuevo préstamo simplemente porque sistemáticamente gasta más de lo que ingresa, sabe que tarde o temprano tendrá un problema.

Algo parecido ocurre con un país. La diferencia, evidentemente, es que un Estado tiene una capacidad de financiación, unos ingresos y unos mecanismos económicos muy diferentes a los de una familia. Pero el principio básico sigue siendo fácil de entender: la capacidad de endeudarse no elimina la necesidad de poder sostener esa deuda.

Conclusión: la deuda no vemos

Quizá uno de los mayores problemas de la deuda pública sea precisamente que las cifras son tan grandes que dejan de parecernos reales.

Cuando hablamos de 1,76 billones de euros, la cifra es tan enorme que resulta difícil que un ciudadano pueda comprender realmente su dimensión. Y lo que no comprendemos, normalmente, tampoco nos preocupa demasiado.

Pero la deuda pública no es una cifra abstracta. Representa compromisos financieros que las Administraciones Públicas tendrán que seguir atendiendo en el futuro y que condicionan, de una manera u otra, los recursos disponibles para otras políticas públicas.

Por eso, más que preguntarnos únicamente si la deuda está subiendo o bajando, deberíamos intentar entender por qué está creciendo, cuánto cuesta financiarla y si la economía puede seguir creciendo lo suficiente como para mantenerla en niveles sostenibles.

La ratio deuda/PIB es una herramienta muy útil para analizar esta cuestión, pero no debería hacernos olvidar la cifra que hay detrás.

Porque que la ratio baje es una buena señal dentro del análisis de sostenibilidad de la deuda, pero no significa que los 1,76 billones hayan desaparecido.

Y quizá empezar a mirar la deuda pública de esta manera nos ayude a entender mejor una cuestión que, aunque parezca lejana, termina afectando a las decisiones económicas que tomamos como sociedad.

Luis Sequí González

Mentor empresarial. Experto consultor de costes y financiero, formador y Presidente en Entorno Empresarial

Preguntas frecuentes

1. ¿Cómo puede bajar la deuda sobre el PIB si la deuda total sigue aumentando?

Porque estamos hablando de dos magnitudes diferentes. Si la economía crece más rápido que la deuda, la deuda puede representar un porcentaje menor del PIB aunque el Estado siga debiendo más dinero en términos absolutos.

2. ¿Es malo que España tenga una deuda pública de 1,76 billones de euros?

La cifra, por sí sola, no permite decir que la deuda sea buena o mala. Lo importante es analizar para qué se utiliza esa deuda, cuánto cuesta financiarla y si la economía tiene capacidad para sostenerla y atender sus compromisos en el futuro.

3.¿Qué significa que el Estado refinancie su deuda?

Significa que, cuando llega el vencimiento de una deuda, el Estado puede emitir nueva deuda para obtener financiación y atender esos vencimientos. Es una práctica habitual en las finanzas públicas y no significa necesariamente que exista un problema.

4. ¿Por qué debería preocuparnos el pago de los intereses?

Porque los intereses representan un gasto que debe salir de los recursos públicos. Cuanto más dinero se destina a pagar intereses, menos margen queda para otros usos de esos recursos, como inversiones, servicios públicos o reducción de impuestos.

5. ¿Qué deberíamos mirar entonces para saber si la deuda es sostenible?

No existe una única cifra que permita responder a esa pregunta. Hay que observar la evolución de la deuda respecto al PIB, el crecimiento económico, el déficit, el coste de financiación y las perspectivas futuras. En definitiva, no se trata solo de cuánto debemos, sino de si nuestra economía puede seguir haciendo frente a esa deuda en condiciones razonables.