Qué es afrontar la vuelta al trabajo?
Durante unos días hemos cambiado los horarios, las obligaciones y, probablemente, también el ritmo de nuestra cabeza.
Y ahora toca volver.
Para algunas personas será simplemente recuperar la rutina. Para otras, sin embargo, la vuelta irá acompañada de desgana, irritabilidad o esa conocida sensación de pensar: “otra vez lo mismo”.
Conviene no dramatizarlo.
Después de un periodo de descanso es perfectamente normal necesitar unos días para recuperar el ritmo. Nuestro cerebro también tiene que volver a acostumbrarse a horarios, responsabilidades, reuniones, problemas y decisiones.
Por eso, quizá el primer consejo sea sencillo: no pretender recuperar en dos días todo lo que hemos dejado durante semanas.
El correo puede esperar unas horas.
No todo lo pendiente es urgente.
Y probablemente tampoco necesitemos llenar la primera semana de reuniones para demostrar que hemos vuelto.
Pero creo que existe una reflexión algo más interesante.
Tomar distancia
Si cada año necesitamos desesperadamente las vacaciones para escapar de nuestro trabajo y cada regreso se convierte en una pequeña condena, quizá el problema no esté únicamente en el final de las vacaciones.
Quizá convenga preguntarse qué ocurre durante los otros once meses.
¿Nos satisface lo que hacemos?
¿Tenemos autonomía?
¿Nuestro trabajo tiene algún sentido para nosotros?
¿Estamos permanentemente sobrecargados?
¿Trabajamos dentro de una organización razonablemente sana?
¿O simplemente hemos aceptado como normal una forma de trabajar que nos desgasta?
Las vacaciones sirven para descansar.
Pero también tienen una virtud que pocas veces aprovechamos: nos proporcionan distancia.
Y la distancia permite observar con mayor claridad aquello que, atrapados en la rutina diaria, terminamos aceptando sin cuestionarlo.
Volver como una oportunidad para cambiar
Por eso, al volver, quizá no haya que proponerse únicamente “aguantar hasta las próximas vacaciones”.
Puede ser un buen momento para introducir pequeños cambios: ordenar prioridades, recuperar conversaciones pendientes, poner límites donde sean necesarios, organizar mejor nuestro tiempo o replantearnos determinados hábitos de trabajo.
No podemos convertir todos los trabajos en nuestra pasión.
Ni probablemente sea necesario.
Pero sí deberíamos aspirar a que nuestra actividad profesional no se convierta en algo de lo que necesitemos escapar periódicamente para sentirnos bien.
Pregunta final
Así que, si estás volviendo estos días, antes de sumergirte nuevamente en la rutina, quizá merezca la pena hacerte una pregunta:
¿Qué podría cambiar este año para que las próximas vacaciones fueran simplemente un descanso… y no una liberación?
Mentor empresarial. Experto consultor de costes y financiero, formador y Presidente en Entorno Empresarial
Preguntas frecuentes
1. ¿Es normal que nos cueste volver al trabajo después de las vacaciones?
Sí. Después de unos días de descanso necesitamos un tiempo para recuperar horarios, responsabilidades y ritmo. Lo importante es no exigirnos recuperar todo de golpe.
2. ¿2. ¿Qué podemos hacer para que la vuelta sea más llevadera?
Empezar poco a poco, ordenar prioridades y recordar que no todo lo pendiente es urgente. Tampoco necesitamos llenar los primeros días de reuniones para demostrar que hemos vuelto.
3. ¿Por qué las vacaciones pueden ayudarnos a reflexionar sobre nuestro trabajo?
Porque nos dan distancia. Al salir temporalmente de la rutina podemos observar con más claridad cosas que durante el día a día hemos terminado aceptando como normales.
4. ¿Deberíamos plantearnos cambiar de trabajo si necesitamos mucho las vacaciones para desconectar?
No necesariamente. No todos los trabajos tienen que ser nuestra pasión. Pero sí merece la pena preguntarnos si nuestra actividad profesional nos está desgastando de una manera que hemos normalizado.
5. ¿Qué podemos cambiar al volver de vacaciones?
Podemos empezar por cosas pequeñas: ordenar prioridades, poner límites, organizar mejor nuestro tiempo, recuperar conversaciones pendientes o replantearnos algunos hábitos. No hace falta cambiarlo todo para empezar a trabajar de otra manera.